Reflexiones sobre el collage


Ante la necesidad de encontrarse con el azar en el proceso de creación, el artista se haya con su lamento inquieto y perpetuo buscando un diálogo escondido entre su propio yo y la obra que aún está por iniciarse. En todo comienzo de obra nueva hay un proceso de introspección sobre lo que uno busca y lo que desea plasmar. Durante ese espacio de tiempo, se construyen los hilos que unen al artista con su obra. Unos hilos que forman el carácter de la obra, que cuando se desvincula del artista, pasa a formar parte del mundo exterior.
Después de dilucidar y tantear posibilidades, he realizado un paréntesis reflexivo sobre el trabajo personal que durante estos años he ido investigando. Sobre cual está siendo su evolución, y en qué materiales me apoyo para su desarrollo. En este recorrido visual y temporal de mi obra, prima en los últimos trabajos el papel reutilizado.
En los trabajos de libros intervenidos, me apropio de las palabras del texto escrito que retomamos reescribiendo y construyendo un nuevo diálogo personal entre la obra y el espectador. Se congelan y extrapolan unas frases de una página para crear un paréntesis pictórico para apropiarnos de esas palabras que se descontextualizan totalmente de su hábitat narrativo, para transformarlas en un escenario de lectura distinto.
Su carácter de ser leído en algunas intervenciones no lo ha perdido, sigue siendo una conversación entre el lector y los personajes de un libro, pero transformado. Sin embargo, en algunas obras las palabras son tratadas como fondo pictórico, no se busca como finalidad de la obra una lectura del texto, sino sólo un soporte matérico.
La precariedad entendida como medio de expresión dentro del panorama artístico, empezó ya con nuestros antecesores en la época en la que el reciclaje del material ya se le daba el nombre de Collage. Papeles recortados, encontrados, transformados en obras de arte dejan su estado de utilidad básica para pasar a un estado de letargo perpetuo. El primer contacto que tiene el artista con un objeto, es un acto de comunicación entre él y el objeto. Cuando se establece ese feeling entre ambos, el artista y el objeto entran en un proceso de cambio mutuo. El artista con respecto al objeto debe de encontrar esa armonía que necesita ese objeto, y el objeto con respecto al artista deja su condición de uso o artilugio de su vida pasada para ahora entrar en un proceso de descontextualización, que le va a llevar a un cambio dentro del ámbito artístico como nuevo objeto. Intentar comprender qué ha podido suceder entre el artista y el objeto es un hecho mágico, pues ahí entran varios factores en acción, siendo uno de ellos el poder de comunicación que se crea entre el objeto y el artista.
El primer factor importante es el contacto visual al que podemos describir particularmente como un impulso selectivo de lo “bello” o “viejo” que se quiere conquistar y transformar; produciéndose en ese acto reflejo un enamoramiento entre el artista y el objeto. Por lo tanto nos convertimos en “recolectores casuales” de diversos objetos y papeles a los que queremos salvar constantemente de su suerte. El objeto por sí mismo ya tiene una fuerza, un carácter, un peso, una forma, en definitiva, una identidad. Hay que observarlo y escucharlo hasta que el objeto nos pida ese cambio artístico que necesita.
Dentro del amplio abanico de silencios existentes nos encontramos con el “silencio del objeto”. Todo objeto contiene un alma, una luz que irradia de dentro hacia fuera, que vibra y que nos comunica su existencia terrenal como objeto de uso, pero que puede tener otras vidas o que ya las ha tenido y nos las cuentan sus huellas del pasado.
El rescate de un objeto tiene una finalidad artística, y es principalmente el cambio de uso de ese objeto en desuso. Es regalarle una nueva vida y valor al que no está acostumbrado el espectador. Se le da una imagen distinta que hay que asumirla como identidad artística, con la que tendrá que conectar con otro discurso con el mundo exterior. Es el resurgir de un elemento artístico. Es un nuevo mirar entre el objeto reconstruido y el espectador. Y que entre ambos se esperan esas conexiones que sólo se producen cuando hay un entendimiento sin palabras.
Lo innovador de esta técnica denominada papier collés fue la incorporación de elementos ya existentes fabricados por una temprana sociedad de consumo. Los materiales, ya tenían una función predeterminada para ser utilizada por una sociedad que iba a experimentar la aparición de un nuevo movimiento artístico con los desperdicios que generaba esa gran industria.
Lo realmente revolucionario fue el surgimiento de dicha técnica con la llegada de la revolución industrial, dando paso a la máquina como el nuevo avance tecnológico de principios del siglo XX. El empresario prescinde de la mano de obra manual del obrero, ahora, con las máquinas, se fabrica con mayor rapidez y el fabricante obtiene mayores beneficios. Hay un aumento en la producción y en el consumo, las ciudades pronto se transformarán en espacios llenos de materiales desechados que los “recolectores casuales” irán transformando en objetos de culto.